Por Jesús Ramos
¿Fue a propósito? ¿Con toda mala leche? Esto no es menor, porque la respuesta explica muchas cosas que han ocurrido recientemente en Morena, seamos específicos, los cambios frustrados.
Mientras desde las alturas del poder se cocinaba el relevo de Olga Lucía Romero Garci-crespo, un personaje siempre conoció la pieza fundamental del rompecabezas y decidió guardársela en la bolsa del saco.
Se trata de Agustín Guerrero, él sabía perfectamente que la sustitución de Olga Lucía no era tan sencilla como quitar una ficha y poner otra. Sabía que los estatutos morenistas establecen criterios de paridad que obligan a respetar el género en los liderazgos.
Dicho de otra forma, si una mujer encabeza una dirigencia, su relevo natural debe recaer en otra mujer. Así ocurrió en lo nacional cuando se produjo el relevo de Luisa María Alcalde, se fue una mujer y llegó otra con Ariadna Montiel, nadie intentó brincarse las reglas porque las reglas son claras.
En Puebla debió ocurrir lo mismo, por esa razón ni Agustín Guerrero ni Pablo Salazar Vicentello pueden convertirse en sustitutos inmediatos de Olga Lucía, Agustín y Olga se lo ocultaron al poder.
No por falta de aspiraciones, no por falta de ganas, si Agustín sabía el impedimento, ¿por qué nunca lo explicó con claridad cada vez que le entrevistó la prensa? ¿Por qué dejó correr la versión de una sucesión masculina, como él, que inevitablemente terminaría chocando con los estatutos?
La propuesta fue rechazada no porque alguien de la dirigencia despertara de malas, no porque estuvieran en contra del poder poblano, fue rechazada porque violaba la lógica estatutaria de la igualdad y paridad.
El asunto se vuelve todavía más interesante porque el género sí puede cambiar, pero solamente cuando concluya el periodo para el cual fue electa la dirigencia encabezada por mujer, es decir, después del proceso electoral del año entrante.
Antes no se podía y Agustín Guerrero no lo dijo a pesar de saberlo, a pesar de ser mencionado su nombre mes y días antes del tropiezo. Por su culpa hoy el poder revisa nuevamente, a costa del ridículo, nombres y perfiles de mujer.
La ruta del relevo de Olga Lucía siempre existió, sin embargo, Agustín Guerrero ocultó el mapa y evitó aclarar el punto. No lo hizo por descuido, el círculo de poder entiende que lo hizo bajo el esquema de plan siniestro. @analisistv











