Por Jesús Ramos
Como en las viejas ferias de pueblo, el truco no está en sacar el conejo de la chistera, sino en convencer al público que Bugs Bunny nunca estuvo ahí, por mes y medio el bigote de Agustín Guerrero fue mencionado para sustituir a Olga Lucía Romero Garci-Crespo en Morena.
No fue un rumor cualquiera, circulaba entre consejeros estatales, operadores, elevados políticos del movimiento, tanto que varios colegas lo repetían en sus entregas como si se tratara de una decisión consumada.
La salida de Olga del liderazgo estatal abrió la inevitable discusión sobre el relevo. La pregunta no era si habría sucesor, sino quién tendría la bendición del líder moral, entonces, ocurrió lo que suele ocurrir en Morena cuando todos creen conocer el final de la película.
El guion fue cambiado, el grupo dominante corrigió la ruta y colocó sobre la mesa un nombre distinto, confiable, leal e inquieto, Pablo Salazar Vicentello, sí, el subsecretario de Gobernación para dirigir el partido.
Por eso la sesión del Consejo Estatal del próximo fin de semana será más interesante de lo que parece. Formalmente los consejeros se reunirán a las once de la mañana en el Centro Expositor, el punto primordial parece desvanecido, borrado del orden del día.
Agustín Guerrero parecía representar una continuidad tiznada por el barbosismo, Pablo Salazar, en cambio, representa al armentismo, control absoluto de candidaturas, estructuras territoriales y negociaciones del poder en primera persona.
Aunque Pablo sigue siendo la primera opción del grupo alfa, tampoco ha desaparecido la posibilidad de que termine ocupando el espacio que hoy todavía conserva Olga Lucía, la política tiene la mala costumbre de ser caprichosa.
Mientras la tehuacanense insiste en que permanecerá al frente de Morena, alrededor de su posición continúan moviéndose piezas. Por ahora, el nombre sigue siendo Pablo, aunque en Morena nadie debería sorprenderse si el último capítulo guarda una vuelta inesperada. @analisistv











