Por Jesús Ramos
Diógenes el Cínico solía caminar con una lámpara encendida a plena luz del día buscando gente honesta. Si hoy se diera una vuelta por Puebla apagaría la lámpara y mejor pediría un recibo de nómina porque ahí está la verdad desnuda del poder.
Mientras la Ley Federal del Trabajo, esa señora gruñona que aplica para la clase trabajadora, no así para los políticos, ordena con claridad 15 días de aguinaldo por el primer año de labores, los alcaldes y diputados locales decidieron que la ley es orientativa, no obligatoria en diciembre.
Tonantzin Fernández, alcaldesa de San Pedro Cholula, debió recibir 33 mil pesos de aguinaldo, sin embargo, la tentación pudo más que la legalidad y se sirvió 85 mil. Su homóloga de San Andrés Cholula, Guadalupe Cuautle, tenía derecho a 48 mil, pero decidió que el espíritu navideño cotizara alto y se asignó 128 mil.
El alcalde de Tehuacán Alejandro Barroso con un cálculo legal de 31 mil cerrará el año con 81 mil. Severiano de la Rosa de Amozoc y Omar Muñoz de Cuautlancingo pasaron de los 48 mil que marca la ley a 103 mil que marca la yema de su testosterona.
Los diputados locales que no se conformaron con 30 mil se autorregalaron 80 mil. Todo muy democrático, sin distinción de siglas. Morena y PAN tan enfrentados en el discurso se hermanaron en la percepción de aguinaldos.
En tribuna se acusan, pero en la caja registradora se entienden. Cuando se trata de dinero público, la ideología se guarda en el cajón y se saca la calculadora. Total que ser alcalde o diputado en Puebla tiene bondades que ningún folleto de campaña se atreve a explicar.
El cargo viene con ventajas adicionales como las que aquí estamos tratando, la capacidad de reinterpretar la ley a conveniencia propia. El ciudadano recibe 15 días de aguinaldo en su primer año de trabajo, si bien le va, el político se asigna mes y medio, sonríe para la foto, finge sencillez, habla de cercanía con el pueblo usando la palabra austeridad.
La distancia entre ellos y la ciudadanía no es ideológica, es de clase, ellos viven en el Olimpo presupuestario, el ciudadano a la intemperie del salario mínimo. El primero es sujeto de derechos autoaprobados. El segundo apenas parte del rebaño que vota, observa, calla y les confiere cargos públicos.
Moralmente lo ocurrido con los aguinaldos de los políticos es reprobable. Legalmente indiscutible. Políticamente revelador. Pero sobre todo es coherente con la traición. Así son ellos. Se asignan regalos navideños en aguinaldos con dinero del pueblo, entre otras suntuosidades. @analisistv











