Por Jesús Ramos
A Juan Manuel Vega Rayet le dieron con la puerta en las narices y la puerta responsable fue la del Partido del Trabajo en Atlixco, municipio que no se sabía pero que ahora ya se sabe está escriturado a nombre de la senadora Liz Sánchez.
La lideresa petista le puso candado a ese predio y arrojó la llave al río. El mensaje fue contundente, por Atlixco no pasa el subsecretario del Transporte porque igual que Zacatlán y San Martín Texmelucan son territorio PT.
Si como lo dice es, Morena debería entender que el acuerdo de coalición del 2024 fue a perpetuidad, válido para esa elección y todas las que vengan hasta fin de los tiempos.
El problema para Liz Sánchez es que la realidad electoral suele ser bastante más terca que los acuerdos partidistas, porque una cosa es decir que Atlixco pertenece al PT y otra muy distinta tener una candidatura verdaderamente competitiva para conservarlo, algo que ya no tiene.
Las cuentas en las encuestas ya no le cuadrarán, la caída política de Ariadna Ayala y el golpe judicial que la noqueó a ella, al tesorero y al resto de su administración fue mortal y no los resucitará con discursos valentones, engañándose a sí misma que no pasó nada.
El 14 de agosto marcó un antes y un después para el grupo político que gobernaba el municipio con la detención del secretario de Seguridad de Atlixco Antonio Hernández Pacheco.
Y si las cartas que Liz Sánchez presumía como competitivas se relacionaban con ese grupo, tendría que entender que las perdió. Ahora aparece Guadalupe Muciño, también petista, zopiloteando con Pável Gaspar el municipio.
Seamos francos, Muciño no parece, sobre el tablero político atlixquense y estatal, ser pieza electoral más potente que Juan Manuel Vega Rayet. La advertencia de Liz de que Atlixco es propiedad del PT no fue dirigida a Morena, el destinatario está sentado más arriba.
¿Fue para el jefe político del Estado? Ahí está la verdadera dimensión del desafío. El suyo fue pulso de poder, juego de vencidas para ver quién gana si ella o el jefe de la comarca.
Los pulsos políticos tienen una regla elemental, nadie los echa a andar ni desafía diciendo Atlixco es mío si no cree tener la fuerza suficiente para ganarlo. ¿Tan segura está Liz Sánchez de poder imponer la candidatura en Atlixco a costa de la derrota del jefe político de Puebla? El desafío es temerario. A Vega Rayet le siguen sangrando las narices desde entonces.











