Por Carlos Clemente
Subirse a una ruta de transporte público en Puebla capital ya no es solamente una forma de llegar al trabajo, a la escuela o a casa. Para miles de usuarios, es también asumir el riesgo de convertirse en víctima de la delincuencia.
El sábado 15 de agosto, a la una de la tarde, tres sujetos armados asaltaron la Unidad 34 de la Ruta 27, entre las colonias Revolución Mexicana y Anexo La Loma, al Norte de Puebla capital. Hubo resistencia, golpes y, después, disparos.
Tres personas resultaron heridas. Una mujer de 45 años recibió un balazo en el pecho; el acompañante del conductor, otro en la pierna, y un pasajero más fue herido en el abdomen. Todo quedó registrado por las cámaras de la unidad.
Los delincuentes escaparon. No hubo detenidos.
La historia se torna aún más indignante: la propia autoridad informó que los responsables están plenamente identificados y que, al menos uno de ellos, ha sido detenido hasta nueve ocasiones por diversos delitos.
Nueve veces.
Y nueve veces ha vuelto a la calle a delinquir.
Mientras tanto, el robo al transporte público aumentó 8.5 por ciento en los primeros siete meses de 2026. Cada 24 horas se denuncian, en promedio, 4.5 asaltos. Y tres de cada diez ocurren con violencia.
Es decir: balazos, golpes y vidas en riesgo.
La cifra oficial sólo cuenta a quienes denuncian. La realidad es mucho peor.
El problema es que la delincuencia sabe que puede salir a las calles a hacer de las suyas con total impunidad. Y si son detenidos, obtendrán su libertad en poco tiempo.
Para miles de poblanos, el transporte público se ha convertido en una ruleta diaria. Cuando un delincuente acumula nueve detenciones y sigue asaltando, ya no estamos frente a un simple problema de seguridad.
Estamos frente a un sistema de justicia que le sigue fallando a los ciudadanos. @analisistv











