Subir al transporte público ya es jugarse la vida

Por Carlos Clemente

En Puebla, abordar el transporte público dejó de ser una rutina para convertirse en un acto de incertidumbre. Miles de personas salen cada mañana con la única intención de llegar a su trabajo, a la escuela o a casa. Sin embargo, también saben que existe una posibilidad cada vez mayor de encontrarse con un asalto. Y, peor aún, de no salir ilesos.

Las cifras de la Fiscalía General del Estado confirman lo que los usuarios viven todos los días. Entre enero y julio, los asaltos al transporte público en la capital aumentaron 8.5 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior.

En promedio, 4.5 robos diarios terminan denunciados ante el Ministerio Público. Son apenas los que llegan a una carpeta de investigación. La cifra real seguramente es mucho mayor.

El problema, además, dejó de medirse únicamente por el número de robos. Hoy la violencia marca la diferencia. Tres de cada diez asaltos incluyen agresiones directas contra los pasajeros: golpes, heridas con arma blanca o incluso disparos. El delincuente ya no sólo busca despojar de un teléfono celular o una cartera; impone el terror como parte del atraco.

Lo ocurrido este miércoles es una muestra dolorosamente cotidiana. Tres hombres armados con cuchillos abordaron una unidad de la Ruta 65, en la colonia Santa María. El saldo fue un pasajero herido con arma blanca, una mujer embarazada con crisis nerviosa y decenas de personas despojadas de sus pertenencias. Todo ocurrió alrededor de las ocho de la noche. Después vino el operativo. El resultado fue el mismo de siempre: ningún detenido.

Ese es el verdadero problema. No se trata únicamente de que existan más asaltos, sino de la incapacidad institucional para contenerlos. Las autoridades conocen los puntos de mayor incidencia, cuentan con mapas de calor, identifican horarios críticos e incluso tienen información sobre grupos dedicados a este delito. Aun así, los pasajeros siguen siendo el eslabón más vulnerable de la cadena.

Cada asalto representa mucho más que la pérdida de un celular o del dinero del día. Significa miedo, trauma, lesiones físicas y la sensación de que nadie puede proteger a quienes utilizan el servicio.

Es una violencia que se normaliza porque ocurre todos los días y porque rara vez termina con los responsables detenidos.

Ninguna estrategia puede considerarse efectiva mientras miles de poblanos sigan abordando un microbús con la preocupación de no saber si llegarán a su destino o serán las siguientes víctimas.

La delincuencia no da tregua. @analisistv

Un comentario

  1. Lo mismo que viajar por las carreteras del estado todas son un peligro por tantos asaltos y asesina tos que hay todos los días y la guardia nacional sin dar resultados 🤬

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