Por Jesús Ramos
Tonantzin Fernández llegó a la presidencia municipal de San Pedro Cholula montada en la ola morenista, la misma que prometió bienestar y transformación, pero que en la práctica, en varios municipios, ha terminado en carnaval de torpezas.
A la joven alcaldesa le cayó del cielo un presupuesto que jamás había recibido su municipio, 712 millones de pesos para el 2025, cifra histórica, pero como suele ocurrir con quienes confunden la suerte con la capacidad, no supo qué hacer con tanto dinero ni cómo distribuirlo con inteligencia y orden.
San Pedro debería estar viviendo un periodo de esplendor, pero en cambio, respira decepción. El dinero se escurrió por las rendijas de la ineptitud, las obras no se ven y los enfados crecen. Lo que debió ser un gobierno eficiente se convirtió en un desfile de irregularidades y soberbia.
Pero Tonantzin no está sola en esta tragicomedia, Omar Muño en Cuautlancingo, Alejandro Barroso en Tehuacán y Juan Manuel Alonso en San Martín Texmelucan están en las mismas que ella, gobiernan sin rumbo.
A la lista habrá que sumar a Severiano de la Rosa de Amozoc, Ariadna Ayala de Atlixco y Roberto Solís de Huejotzingo, todos de Morena, cortados con la misma tijera del desgobierno y la incompetencia. La ciudadanía ya no se calla, en esos municipios, la gente les grita improperios, les abuchean en los eventos públicos.
Incluso han organizado movilizaciones exigiendo su salida. Imposible ocultarlo. Lo saben en Gobernación estatal y el partido. En apenas un año lograron lo que antes tomaba un trienio, agotar la paciencia de los votantes. Sus calificaciones en las encuestas rondan el 30 por ciento. Reprobados están sin excepción.
La pregunta es inevitable. ¿Tiene Morena un plan para corregir el desastre? ¿Olga Lucía Romero y la cúpula partidista han pensado en algún antídoto que contrarreste la furia social que estos alcaldes han ocasionado? Si no lo tienen, más vale que empiecen a inventarlo de aquí a septiembre, cuando el calendario electoral empiece a correr en serio.
El problema no es menor, en política los errores municipales son contagiosos, un mal alcalde puede enfermar a un partido, y hoy Morena, en Puebla, carga con varios enfermos graves. Los ciudadanos ven en la transformación una burla. Y lo peor para cualquier marca política es cuando el logotipo se vuelve sinónimo de frustración e ira.
Jamás en la historia política reciente del Estado un partido hegemónico había recibido tantos reclamos en tan poco tiempo. Morena lo logró, y si no le encuentra el remedio a la enfermedad los alcaldes se encargarán de sepultar su voto en el 2027. @analisistv











