Piedras, asaltos e impunidad: lo cotidiano en la México-Puebla

Por Carlos Clemente

La inseguridad en las carreteras de Puebla ha dejado de ser una percepción para convertirse en una realidad cotidiana y peligrosa. Lo que ocurre en la autopista México-Puebla es, sin exagerar, alarmante. A pesar del despliegue permanente de corporaciones de seguridad de los tres niveles de gobierno, el crimen sigue operando con una eficacia que desnuda las fallas del Estado.

En semanas recientes, usuarios de esta vía han denunciado una modalidad de asalto particularmente violenta y cobarde: delincuentes arrojan piedras contra los vehículos en movimiento para obligar a los conductores a detenerse y despojarlos de sus pertenencias.

No se trata de hechos aislados, sino de un patrón que se repite ante la mirada impotente de quienes transitan por una de las autopistas más peligrosas del país.

La respuesta oficial ha sido, en apariencia, contundente. Autoridades reportan el cierre de al menos 28 accesos clandestinos utilizados por grupos criminales para entrar y salir de la autopista.

Sin embargo, la realidad demuestra que esta estrategia es insuficiente: mientras un acceso es sellado, otro se abre metros más adelante. La delincuencia se adapta con mayor rapidez que las acciones gubernamentales.

De acuerdo con información de la Secretaría de Seguridad Pública, el crimen organizado utiliza como rutas de escape accesos clandestinos ubicados principalmente en las regiones de Esperanza, Tecamachalco, San Martín Texmelucan y Santa Rita Tlahuapan, zonas donde la incidencia delictiva es constante y conocida. No hay sorpresa, hay reiteración.

El gobierno federal anunció que en Puebla operarían 302 efectivos, 131 vehículos, tres helicópteros y drones para tareas de vigilancia. Los números son impresionantes en el papel. En la práctica, no logran contener la operación criminal ni brindar seguridad efectiva a los automovilistas.

De qué sirve un despliegue de esta naturaleza si los delincuentes continúan actuando con absoluta impunidad. La autopista México-Puebla se ha convertido en un territorio donde el crimen marca el ritmo y las autoridades reaccionan tarde y mal.

Es lamentable pero los patrullajes seguirán siendo un espectáculo para generar percepción, y los ciudadanos, como siempre, seguirán pagando el costo de una seguridad con poca o nula efectividad. @analisistv

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