Por Carlos Clemente
México vivió uno de esos fines de semana que quedarán marcados en la memoria colectiva. No por una fiesta nacional. No por una hazaña deportiva. Sino por el miedo.
El operativo federal que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del grupo criminal más poderoso del país —así lo demostró su capacidad de reacción— desató una ola de violencia que alcanzó a más de diez entidades.
El mensaje fue inmediato: el crimen organizado no cae en silencio.
En Puebla, la reacción fue puntual y quirúrgica. Dos bloqueos en autopistas estratégicas: México-Puebla, a la altura de Santa Rita Tlahuapan; Puebla-Veracruz, en Quecholac. Un autobús ADO y un tráiler incendiados. Dos tiendas Oxxo atacadas con bombas molotov en la capital. Un Banco del Bienestar afectado.
En Puebla no fue una jornada extendida de enfrentamientos. No hubo balaceras. Pero sí hubo algo más profundo: psicosis.
Centros comerciales vacíos. Cortinas abajo. Oxxos cerrados. Mensajes de WhatsApp que corrían más rápido que cualquier versión oficial.
Afortunadamente en Puebla no escaló la violencia como en otras entidades, pero sí se sintió el golpe simbólico: el crimen organizado se hizo presente exactamente donde opera, donde tiene raíces, donde conoce el terreno. En San Martín Texmelucan y el llamado Triángulo Rojo.
La tarde trajo una tensa calma. Las autopistas fueron reabiertas. No hubo más ataques. Pero el daño ya estaba hecho.
Porque no se trató solo de vehículos incendiados. Se trató de algo más profundo: la sensación de vulnerabilidad.
Apenas estábamos asimilando el doble homicidio de Karina de los Ángeles Ruiz y Alexandro Agustín Tello Olmedo, desaparecidos días antes y hallados sin vida en Rinconada, Chignahuapan.
Apenas digeríamos esa tragedia local, cuando el escenario nacional nos volvió a recordar quién marca el ritmo en muchas regiones del país.
Son tiempos convulsos.
El gobierno federal puede presumir un golpe certero. Y lo es. Pero la reacción exhibe que los grupos criminales conservan capacidad operativa, logística y territorial.
Cuando el miedo se vuelve rutina y los bloqueos se vuelven paisaje, el problema deja de ser coyuntural y se convierte en estructural.
Nos arrebataron la tranquilidad.
Y eso, es el daño más profundo. @analisistv











Un comentario
Y todavía esto no termina, ya que falta que atrapen a los narco políticos que protegen a estos narcos falta que desmantelen al cartel de políticos