Los diez del deshonor, alcaldes con mayor criminalidad de Puebla

Por Jesús Ramos

Puebla es un estado donde los números de la delincuencia se han concentrado en geografías específicas. En diez municipios anida la mayor cantidad de delitos registrados en un año, y sus alcaldes, en vez de dar la cara, prefieren maquillarlos u ocultarlos.

A la cabeza de la desgracia Tehuacán. Alejandro Barroso, su alcalde, se convirtió en un espectador de lujo del crecimiento criminal. Robo, homicidio, extorsión, el catálogo es amplio. Su discurso, sin embargo, presume coordinación y resultados. Falso.

Le sigue San Andrés Cholula, gobernado por Guadalupe Cuautle, aquella que prometió mucho en este rubro y nada ha cumplido, al contrario. Mientras presume desarrollo, el robo a casa habitación, a transeúntes, de vehículos y homicidios se ha disparado horrorosamente.

En San Martín Texmelucan, de Juan Manuel Alonso, la delincuencia organizada y la común se reparten el territorio con precisión de relojero. Las estadísticas oficiales del estado y la federación le señalan de zona de riesgo, aunque su informe municipal lo oculte.

Amozoc, con Severiano de la Rosa, vive un eterno déjá vu, patrullas sin gasolina, policías sin rumbo y ciudadanos sin esperanza. Su gobierno ha sido un eco de promesas rotas, los delitos crecen y el alcalde cree que el palabrerío suyo convence a la gente.

En Atlixco, Ariadna Ayala asegura que la paz social reina, pero el número de robos y homicidios contradice su discurso. En su informe habló de avances significativos en seguridad. Mentira.

Cuautlancingo va hacia arriba en carrera loca. Omar Muñoz, el que infla contratos y reina con el nepotismo por trono, parece gastar más en fuegos artificiales que en patrullas. En su municipio el delito es tema de preocupación estatal durante las mesas de seguridad.

En San Pedro cholula, Tonantzin Fernández se esfuerza en sonar convincente cuando habla de seguridad integral. Sin embargo, los robos, asesinatos y agresiones suben. El problema no es de estrategia sino de falta de voluntad. Gobernar no es posar sonriente para la foto de la prensa y sus redes sociales, sino dar resultados, y eso, no está en su conducta.

Huauchinango, con Rogelio López Angulo, se mantiene en la lista por mérito propio. Los delitos crecen, la presencia policial se diluye y el edil sólo ve progreso en el papel. El ciudadano ve miedo en las calles y falsedad en lo que hace y pronuncia.

Roberto Solís Valles, de Huejotzingo, prometió paz y seguridad. Lo único que cumplió fue con la simulación. Su informe de gobierno parece una pieza de ficción, una comedia donde los datos no encajan con la realidad. A mansalva matan y violan en su municipio.

Y cerrando la lista, Zacatlán. Bety Sánchez, sonríe en sus actos públicos mientras los delitos se acumulan como capas de neblina y se amontonan como manzanas. El ciudadano nomás no ve resultados, sólo discursos que flotan, como el vapor de los baños termales de por ahí cerca.

Estos diez alcaldes deberían entender que el ciudadano los mira. Que la vigilancia pública es más poderosa que cualquier campaña de propaganda. Que su trabajo es cumplir, no engañar. Los políticos mienten por naturaleza, sí, pero cuando se les exhibe quedan en vergüenza, si de algo nos consuela. @analisistv

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