La traición del PT en San Lázaro y su miseria electoral en Puebla

Por Jesús Ramos

En política las lealtades duran lo que dura la utilidad. Todo lo demás es literatura barata. El Partido del Trabajo lo recuerda justo ahora, cuando desde la tribuna de San Lázaro el coordinador petista Reginaldo Sandoval le cantó el pleito a la presidenta Claudia Sheinbaum por la Reforma Electoral.

No fue un berrinche menor, fue una advertencia. En castellano simple, el PT no quiere que desaparezcan las listas plurinominales al Senado y a la Cámara de Diputados. Y si para impedirlo hay que coincidir con el PAN y PRI, pues se coincide. El enemigo de mi enemiga es mi amigo.

La ideología, como siempre, se guarda en el cajón cuando peligra el asiento, la curul del líder Alberto Anaya y de aquellos que parasitan en los escaños desde décadas atrás sin ir a las urnas. El mensaje es claro, el PT usará el peso que tiene en el Congreso para negociar, presionar y chantajear a Morena y a la presidenta.

Pero la política como el boxeo, no se pelea igual en todas las categorías. En la arena nacional el PT todavía puede levantar la voz. Sus votos legislativos sirven para inclinar o detener reformas. Y por eso se permiten el lujo de tensar la cuerda con Palacio Nacional.

El problema es que fuera del Congreso el partido es otra cosa. En los estados, el PT carece de fuerza política real. Tomemos el caso Puebla. El año pasado fue el segundo partido más desfondado de la entidad con 18 por ciento, el otro fue el PRI con 23 puntos porcentuales.

Lo poco que sobrevivió en manos de la lideresa Liz Sánchez fueron apenas 17 mil militantes inscritos en el padrón. Diecisiete mil. Una cifra que en términos electorales apenas alcanza para competir por alcaldías pequeñas, municipios donde el padrón cabe en una plaza pública.

Esa cantidad no serviría para obtener diputaciones de mayoría local o federal, menos una ciudad importante. Es decir, en Puebla, el PT no pone condiciones, las recibe, y ahí es donde aparece la paradoja política, mientras el PT nacional se pone gallito frente a Morena y la presidenta, en los estados sus números no le dan para hacer berrinches.

Una cosa es chantajear desde el Congreso y otra muy distinta hacerlo frente a los gobernadores, ellos saben la votación real del petismo y su insignificancia en las urnas.

Si Morena Puebla quisiera sacudirse al PT, al que ha cargado en hombros desde el 2018, tendría ahora mismo el argumento perfecto en la traición política a Claudia Sheinbaum. Es cosa de aritmética. Un partido con 17 mil militantes no define elecciones estatales, apenas sobrevive como ente parasitario en las coaliciones.

A nadie debería sorprender que el petismo termine caminando solo hacia el 2027. A veces los partidos pequeños confunden el eco del Congreso con el peso electoral de la calle. Creen que porque pueden frenar una reforma también pueden doblar los gremios del morenaje estatal. @analisistv

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