Por Carlos Clemente
La política volvió a cerrar las aulas del Instituto Tecnológico de la Sierra Negra. Por segunda ocasión en semanas, más de mil estudiantes están fuera de clases, no por una causa académica, sino por decisiones autoritarias, intereses personales y la burla deliberada de acuerdos oficiales.
El conflicto estalló nuevamente porque la directora, Cecilia Valeria Pineda Cruz, decidió incumplir —sin rubor— el documento que permitió levantar el paro estudiantil de noviembre pasado.
Un acuerdo formal, avalado por las secretarías de Educación Pública y de Gobernación, que hoy la funcionaria desconoce como si nunca hubiera existido.
Lo grave no es sólo el desacato, sino la normalización del autoritarismo. Pineda Cruz ha asumido una conducta irresponsable y violatoria de los compromisos firmados, actuando como si su cargo estuviera blindado por un poder que rebasa toda jerarquía institucional. SEP y Gobernación incluidas.
A la protesta estudiantil se sumó ahora el personal académico, que reclama el pago de salarios caídos, retenidos de manera arbitraria por instrucciones directas de la directora. Un conflicto que ya no es aislado ni coyuntural, sino estructural y profundamente dañino para la vida institucional del plantel.
El documento firmado tras el paro fue claro: la directora debía mantenerse al margen de la institución mientras una comisión evaluaba las acusaciones en su contra. No lo hizo. Regresó a su oficina, tomó el control, dio órdenes y tomó decisiones, como si no estuviera bajo investigación ni su permanencia en entredicho.
Esa conducta sólo puede explicarse de una manera: se sabe intocable.
Mientras tanto, la Secretaría de Educación Pública sostiene —desde el escritorio— que “las clases continúan de manera presencial”. Presume, además, que Irvin Alejandro Córdoba Guerrero, designado como figura de apoyo en representación de la SEP, supervisa el cumplimiento de los acuerdos. Los hechos desmienten el discurso oficial: el conflicto escaló, el paro regresó y la autoridad fue rebasada.
Lo que ocurre en el Instituto Tecnológico de la Sierra Negra no es menor. Una directora sin criterio académico y con evidente interés político se burla de sus superiores jerárquicos y pone en riesgo el semestre, la estabilidad institucional y la formación profesional de la comunidad estudiantil.
¿Quién pondrá orden, quién hará cumplir los acuerdos y, sobre todo, quién devolverá la vida académica en el Instituto Tecnológico de la Sierra Negra?
O será que, como lo expuso el gobernador Alejandro Armenta Mier, hay funcionarios “cansados”, que no aguantan el ritmo de trabajo y ya “cascabelean”. En la SEP, abajo del secretario, esos personajes existen y este caso los exhibe. @analisistv












Un comentario
Si así es el temor de los estudiantes ante represalias de él personal que está a favor de pineda cruz que imparte clases negandoles la recepción de trabajos o sus calificaciones,el miedo de perder el semestre cuando hay un acuerdo de cero represalias, a sido una batalla para los jóvenes. «CUANTO SE LE DEBE A PINEDA CRUZ QUE NI LA PROPIA SEP PUEDE RETIRARLA DE SU CARGO»