Guadalupe Cuautle se equivocó al destaparse antes del 2027  

Por Jesús Ramos

Tomar decisiones desde la vanidad del poder suele dejar en ridículo. Escuchar a una alcaldesa anunciar en tono de epopeya sus aspiraciones a gobernar Puebla propició dentro y fuera de su partido sonoras carcajadas. No por la ambición en sí, sino por el error elemental del calendario.

En política como en la guerra, adelantarse sin tropas es regalar el pellejo. Guadalupe Cuautle se equivocó. Revelar su deseo de ser candidata a gobernadora fue una confesión prematura, casi ingenua, que activó de inmediato las alarmas en su propio partido y de paso en el adversario.

Genoveva Huerta, Mario Riestra, Susana Riestra, Mónica Rodríguez, el mismo Lalo Rivera y otros panistas con suficiente poder partidario ya tomaron nota. La aduana para sacarla de esa competencia está en el 2027.

Los morenos pensarán exactamente lo mismo. Mientras menos aspirantes a la gubernatura del 2030 existan, mejor. Y si el número de mujeres opositoras disminuye les favorecería. La historia lo demuestra, la competencia real no inicia con los partidos de enfrente, sino con los adversarios de casa.

Son más feroces los contendientes del mismo color que los de colores ajenos. Comparten militancia, desayunan contigo y te sonríen mientras afilan el cuchillo. Guadalupe Cuautle no es una alcaldesa cualquiera. Tiene innumerables talones de Aquiles.

San Andrés Cholula registra índices terribles de inseguridad, se los hemos documentado en AnálisisTv, arrastra casos probados de corrupción y sobrecostos en contratos. Eso en un contexto de guerra política no es un detalle menor, incluso, se energiza con la administración de su esposo Edmundo Tlatehui.

Un auténtico lastre le significará su primera cuenta pública, irresistible de atesorar para quienes buscarán frenarla desde su mismo partido antes de que crezca. De ahí que resulte aún más inexplicable que haya decidido anunciar tan anticipadamente sus pretensiones futuras.

Alguien le hizo creer endulzándole el oído para quedar bien con ella, sin entender que en política el tiempo es más importante que la intención, o bien, la propia alcaldesa fue rebasada por su inexperiencia y ambiciones personales al externar planes que debieron guardarse llegado el momento.

En ambos casos, el resultado es el mismo, se expuso innecesariamente. El peor esclavo es el que no sabe lo que es. En la política poblana, el peor aspirante es el que cree que ya llegó cuando apenas encendió el motor. Cuautle se adelantó al banderazo, avisó por donde piensa correr.

Ahora que no se sorprenda si desde su carril empiezan a cerrarle el paso. En Puebla, como en la antigua Grecia, la hybris siempre se paga. Y casi nunca en la urna. @analisistv

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