Fiscal y gobernador, ¿distancia real o puro chisme?

Por Jesús Ramos

En política, como en el mercado, basta que alguien grite, “se están peleando” para que medio pueblo voltee a ver si ya hay sangre en el suelo. Y si el propósito de un sector de la prensa poblana era sembrar la percepción que la fiscal Idamis Pastor y el mandatario Alejandro Armenta caminan por banquetas distintas, me temo que están a punto de lograrlo.

La frase de la semana “yo no soy el señor gobernador”, soltada tras la media docena de ejecutados en Huehuetlán El Grande, cayó como anillo al dedo para los fabricantes de desencuentros. Sobre todo, porque Armenta en su lectura inicial del multihomicidio, lo atribuyó a organizaciones criminales.

Dos miradas, dos énfasis, dos micrófonos, y en Puebla, cuando hay dos micrófonos, siempre hay quienes escuchan pleito. Pero antes de comprar el distanciamiento como si fuera oferta de temporada, conviene hacer algo que escasea, pensar.

Primero, la fiscal y el gobernador comparten con frecuencia escenario en la llamada Mañanera Estatal. No se evitan, no se esquivan, no se lanzan indirectas con filo. En política, la distancia real suele medirse en ausencias, no en frases sueltas sin pensarse.

Segundo, a diferencia de otros integrantes del gabinete que han probado el ácido del señalamiento público por falta de talento o resultados, Idamis Pastor no ha sido exhibida desde el púlpito del poder, lo que debe leerse como confianza.

Tercero, la frase “yo no soy el señor gobernador” está sujeta a criterio, entendimiento, fobias, filias. En el sentido más estricto de lo cuadrados que suelen ser los fiscales, la fiscal tiene razón, no es el gobernador. Sus funciones y responsabilidades son distintas.

Otra cosa, él gobierna un estado, ella procura justicia, él fija postura política, ella se ciñe a un expediente. Pretender que hablen igual sería exigir que el juez dicte sentencia desde el templete y que el político litigue en el Ministerio Público.

Consideren el género y la personalidad. En un entorno donde a las mujeres en posiciones de poder se les exige suavidad y subordinación disfrazada de prudencia, cualquier afirmación de autonomía se lee como rebeldía si no se analiza correctamente.

Defender su ámbito de competencia no es insolencia, es institucionalidad. ¿Puede haber diferencia de criterio? Por supuesto. Sería hasta sano. Lo contrario implicaría subordinación acrítica. Agréguele que todos nos equivocamos a lo largo del día en palabras. modos y entonación.

Para ser sinceros, no encuentro todavía señales nítidas de que al gobernador le enfade la fiscal. En Política, cuando hay enojo, hay mensajes cifrados, desplazamientos de lugares, ausencias, silencios calculados. Aquí lo que hubo fue una frase que interpretaron según simpatías y antipatías.

El tiempo, juez implacable, dirá si estamos ante un distanciamiento real o el telón de quienes necesitan conflicto para demostrar su servilismo. No todo el que alza la voz rompe el pacto, a veces sólo marca su territorio y a eso se le llama equilibrio. @analisistv

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