Por Carlos Clemente
El PT en Puebla no ha construido una fuerza política. Construyó una red de cacicazgos.
Esa ha sido su verdadera estrategia electoral durante años: entregar candidaturas a grupos de control regional, personajes impresentables y estructuras familiares capaces de movilizar votos a cambio de poder, impunidad y dominio político.
Nada nuevo. La vieja política disfrazada de “movimiento social” del profesor Alberto Anaya Gutiérrez, líder vitalicio de la franquicia desde 1994.
Mientras el discurso presume democracia popular, en los hechos opera el método más anquilosado de la política mexicana: el cacique que manda, reparte, amenaza y hereda el poder.
La senadora Liz Sánchez García hoy presume músculo político. Dice gobernar 29 municipios, contar con cinco diputados locales y haber aportado 286 mil votos a la presidenta Claudia Sheinbaum y 200 mil al gobernador Alejandro Armenta.
Pero detrás de esas cifras no hay estructura ciudadana ni organización democrática. Hay cacicazgos territoriales altamente rentables.
El problema es que el PT no solo tolera esas prácticas: las promueve.
Ahí está el caso de los Celestino, en Coyomeapan, símbolo de un sistema de control político que terminó manchado de sangre tras el asesinato de tres campesinos indígenas en una emboscada.
Ahí está también Gerardo Cortés Caballero, exalcalde de Cuautempan, hoy bajo proceso por secuestro y extorsión.
O Delfino Hernández Hernández, en Eloxochitlán, donde el poder lleva años atrapado en las mismas manos mientras el municipio se hunde entre pobreza extrema y marginación.
En Eloxochitlán, 60.9 por ciento de la población vive en pobreza extrema y otro 34.9 por ciento en pobreza moderada.
Ese es el verdadero rostro del modelo político que el PT presume como exitoso: regiones sometidas políticamente y abandonadas socialmente.
Pero quizá el ejemplo más claro del cinismo político sea el nepotismo abierto que hoy impulsa la propia Liz Sánchez García. La senadora colocó a su hermana Karen como coordinadora partidista en San Martín Texmelucan, su bastión político, preparando el terreno rumbo a una eventual candidatura en 2027.
Resulta irónico. El mismo movimiento que llegó al poder prometiendo acabar con el amiguismo, los privilegios y los cacicazgos, hoy reproduce exactamente las mismas prácticas que durante décadas criticó.
El PT en Puebla no representa una transformación democrática. Representa la sobrevivencia del viejo sistema: apellidos enquistados, control territorial, lealtades compradas y poder hereditario.
Mientras los partidos sigan apostando por caciques en lugar de ciudadanos, México seguirá atrapado en la simulación democrática. @analisistv












Un comentario
Siguen usando la misma fórmula política para tener al pueblo engañado y sumiso, vergüenza les deberían de tener por ser unos mentirosos y abusivos.