Por Carlos Clemente
En Chignahuapan no indignó la fiesta.
Indignó el mensaje.
Mientras siete de cada diez habitantes del Pueblo Mágico viven en pobreza, el alcalde morenista Juan Rivera Trejo decidió exhibir lujo, exceso y poder en los XV años de su hija. No fue una celebración discreta ni familiar. Fue un espectáculo millonario de ostentación en un municipio donde miles apenas sobreviven.
La molestia social no nació por el vals, la música o los adornos. Nació cuando el gobierno municipal presumió trabajos de pavimentación en el acceso a la Hacienda Atlamaxac, justo donde se realizó la fiesta.
Ahí está el verdadero problema: la sospecha de que el aparato público terminó trabajando para la comodidad privada del alcalde.
Rivera Trejo ha dejado de gobernar para todos y comienza a servirse a sí mismo.
Chignahuapan arrastra más de 70% de población en pobreza. Hay familias sin ingresos suficientes, comunidades con rezagos históricos y jóvenes sin oportunidades. Pero desde el poder municipal la prioridad parecía ser que los invitados llegaran sin baches a una fiesta de lujo.
No es la primera vez que Juan Rivera Trejo provoca indignación. Ya antes había presumido arreglos buchones, fajos de billetes y excesos impropios para un alcalde emanado de un movimiento que se dice austero y cercano al pueblo.
La llamada “transformación” terminó convertida en exhibición.
Y lo peor para Morena no es el costo político de una fiesta.
Es la imagen de un alcalde dinamitando su propia credibilidad con cada gesto de fantochería e incongruencia, mientras gobierna uno de los municipios con mayor vulnerabilidad social en Puebla.
Porque el problema no fueron los XV años.
El problema fue celebrar el privilegio frente a la pobreza. @analisistv











