Por Carlos Clemente
El poder no les basta. Nunca les basta.
No terminan un encargo público —ganado en las urnas o entregado por designación— y ya están operando el siguiente “hueso”. No gobiernan: se promueven.
No es nuevo. Es la vieja escuela. Cambian los colores, no las mañas. Son políticos.
Pero hoy el descaro sube de nivel. Desde que Morena decidió adelantar sus tiempos internos, convirtió a diputados, alcaldes y funcionarios en candidatos adelantados.
Campañas disfrazadas de gestión. Proselitismo sin pudor. La ley, estorbando.
Ahí está Olga Lucía Romero. Presidenta estatal de Morena… y en campaña abierta en Tehuacán. Colonias recorridas, bardas “espontáneas”, propaganda que presume obras ajenas como si fueran propias.
¿Con qué autoridad pide sus compañeros respeto a los tiempos?
Es la primera en dinamitar el discurso oficial.
Y no es la única.
El presidente de la Junta de Gobierno del Congreso, Pável Gaspar, volvió a territorio. Izúcar de Matamoros como pasarela. Sonrisas, recorridos, corazoncitos con las manos.
¿Y la agenda legislativa?
Rezagada.
Pero la precampaña, a todo vapor. Desde el cargo. Con recursos. Con reflectores. Para eso sirve el poder.
Y mientras tanto, delegados y funcionarios convertidos en “enlaces” territoriales. Operadores electorales con nómina pública.
Desde ya, el Gobierno en modo campaña.
Decisiones que ya no responden al interés público, sino al cálculo electoral. Programas, obras, giras… todo con dedicatoria.
Nada nuevo bajo el sol.
El PRI lo hizo. El PAN también.
Hoy, Morena repite la fórmula.
La diferencia es el discurso.
Prometieron ser distintos.
Y terminaron siendo lo mismo.
O peor. @analisistv












Un comentario
Muy deacuerdo con el comentario del periodista carlos clemente, nada bajo el sol son las mismas artimañas y malos actos que se traen desde los partidos que emanaron hacia Morena, solo cambiaron de patrón 🤣