Por Carlos Clemente
En Puebla, la violencia ya no sorprende. Pero hay crímenes que obligan a detenerlo todo. A mirar de frente. El asesinato de una madre y sus dos hijas no es una cifra más.
Félix Bentura Martínez, de 42 años. Johana María, de 20. Yeraldine, de apenas 9. Tres nombres. Tres vidas arrancadas. Tres generaciones borradas de un solo golpe.
Fueron sustraídas con violencia de su hogar en Cuyoaco el pasado 4 de marzo. Un grupo armado irrumpió, se las llevó. Desde entonces, la angustia. La búsqueda. La espera. Dieciocho días de incertidumbre.
Y el desenlace fatal: sus cuerpos arrojados al fondo de una barranca en Ixtacamaxtitlán, en un paraje que hoy carga un nombre que pesa: La Caldera.
Ahí terminó todo.
Lo que indigna no es solo la saña. Es el contexto.
Doce feminicidios en lo que va de 2026 en Puebla. Doce historias atravesadas por la violencia.
Las colectivas lo dicen sin rodeos: no es un hecho aislado. Es una crisis. Una violencia sistemática contra las mujeres. Una maquinaria que sigue funcionando con la complicidad del silencio y la impunidad.
Este caso lo retrata con crudeza. Tres mujeres de una misma familia. Tres generaciones.
La exigencia es clara: investigar bajo protocolos de violencia de género. Nombrarlo como lo que es: feminicidio. No diluirlo. No minimizarlo. No esconderlo detrás de tecnicismos.
Hoy no hay móvil. No hay detenidos. No hay respuestas.
Pero sí hay una certeza: la impunidad sigue siendo el terreno fértil donde germina la violencia. @analisistv












Un comentario
Y se sigue con la inseguridad en el estado, pero que se le puede pedir a este gobierno que solo se preocupa por conseguir la aprobación de un gobierno inepto y corrupto, que sigan asesinando a más mujeres y sigan asaltando y secuestrando a las choferes.