Ayuntamiento de San Andrés Cholula infiltra #8M contra gobierno

Por Jesús Ramos

Hay causas que nacen del dolor y hay causas que nacen del cálculo. Las primeras cambian la historia, las segundas incitan al cambio político. En Puebla el ayuntamiento panista de Guadalupe Cuautle orquesta lo segundo.

Canija, lo hace desde el escaparate perfecto, el movimiento Un Día Sin Nosotras, surgido al calor de la indignación social por la violencia contra las mujeres. La causa es justa, el método no tanto.

Desde la estructura oficial del ayuntamiento de San Andrés Cholula se ha convocado a las servidoras públicas y a sectores de la sociedad civil para marchar este lunes. No es una invitación casual ni espontánea, se ha organizado desde el gobierno municipal con logística política que apunta más allá del feminismo.

El reclamo por derechos laborales, igualdad, no discriminación y una vida libre de violencia es legítimo, pero cuando la protesta la organiza un gobierno y un partido político deja de ser exigencia social para convertirse en herramienta de presión.

Nadie se opone a que las mujeres marchen, el problema es quién mueve los hilos. El libreto no es nuevo. En noviembre pasado, el mismo ayuntamiento de Guadalupe Cuautle alentó la movilización de la llamada Generación Z en protesta por el clima de inseguridad de Puebla y del país.

Aquella movilización, recordará usted, fue identificada desde el gobierno estatal como una operación política dirigida contra la administración del gobernador Alejandro Armenta. Hoy el guion se repite, pero con otro escenario, el marco del Día Internacional de la Mujer u #8M.

No es casualidad, las marchas feministas tienen una fuerza simbólica enorme, son genuinas cuando nacen de la sociedad civil, desde colectivos que llevan años denunciando violencia, desapariciones, impunidad. Pero cuando la convocatoria sale de un ayuntamiento panista y su estructura, el mensaje deja de ser social y se vuelve político-desestabilizador.

La causa es real y legítima, sin embargo, la intención es campañera por incitar a la presión hacia el gobierno de Armenta y de Sheinbaum, estrategia clásica de la oposición, refinar la inconformidad social en combustible político.

El problema de Guadalupe Cuautle es que esa táctica tiene un riesgo moral enorme, peor tantito de reputación, por usar una causa profundamente sensible como plataforma de confrontación, y es que si algo debería cuidar un gobierno municipal es no instrumentar ni contaminar las luchas sociales.

Así, entre convocatorias oficiales, consignas legítimas y cálculos políticos, el municipio de San Andrés Cholula parece haber asumido un papel bélico de presión o guerra abierta contra el gobierno poblano. @analisistv

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