Por Carlos Clemente
Minutos antes de las dos de la madrugada del sábado, Puebla volvió a escuchar lo que ya empieza a sonar cotidiano: ráfagas de arma de fuego en plena zona comercial más relevante de la capital.
El bar El Despecho se convirtió en escenario de ejecución. Tres muertos. Cinco heridos. En el corazón de la ciudad que presume modernidad, centros comerciales y torres residenciales.
Joaquín Wirth, arquitecto egresado de la UDLAP.
Gisela Ortiz, psicóloga, ex alumna de la Ibero.
Emmanuel Esteban Campaña, entrenador físico.
Salían del antro. Se dirigían a su vehículo. No hubo discusión pública, no hubo advertencia. Fueron acribillados.
El móvil es, hasta ahora, una colección de versiones: cobro de piso, ataque directo, crimen organizado, equivocación. Las autoridades han dejado correr hipótesis, pero certezas no hay. Y en la ausencia de certezas, crece la desconfianza.
La reacción de la Secretaría de Seguridad Pública fue inmediata. Cuatro presuntos autores materiales detenidos: dos casi en flagrancia, dos más horas después —entre ellos un menor de edad—. Gabriel, Héctor Hugo, Edwin y Brayan. Llevaban casi un mes en un Airbnb cercano, planeando el ataque.
Un mes.
En la zona más vigilada de Puebla.
Sin que nadie detectara nada.
Se desconoce quién ordenó la ejecución. Se desconoce si fue un error o un objetivo específico. Familiares aseguran que ninguno de los tres tenía vínculos ilícitos. Otras versiones apuntan a que el arquitecto era el blanco.
La Fiscalía tendrá que esclarecerlo. Pero más allá del móvil concreto, el mensaje ya fue enviado: nadie está a salvo. Ni en zonas exclusivas.
Hace apenas tres meses, un ataque armado en el table dance La Coss dejó cinco muertos. Hoy son tres más.
Puebla ha transitado silenciosamente de ser un estado con presencia moderada del crimen organizado a convertirse en territorio de disputas abiertas.
Lo que antes era rumor, hoy es evidencia. Lo que antes eran hechos aislados, ahora es patrón.
La percepción de inseguridad no es una construcción mediática: es una experiencia cotidiana. Es escuchar balazos en zonas “seguras”. Es saber que comandos armados pueden operar sin que nadie se los impida.
El crimen le lleva muchos pasos adelante a la autoridad. Ante el discurso oficial y las cifras alegres, la realidad se impone. @analisistv












Un comentario
Y el gobierno con su respuesta, se abrirá una carpeta de investigaciones, ya que cambien su estúpida respuesta a su negligencia 🤬