Nadie se salva, todos fallamos a la Generación Z, gobierno, partidos y nosotros

Por Jesús Ramos

El debate nacional anda atorado, como de costumbre, que si la derecha financió a los muchachos, que si la Generación Z no podría organizar ni una carnita asada sin patrocinador, que si la mano peluda de la oposición les movió los hilos, tonterías, el país ardiendo y nosotros preguntando quién compró los cerillos.

Lo verdaderamente importante es el incendio no el comprador, y ese incendio es el México roto, inseguro, jodido y sin horizonte que les estamos heredando a nuestros hijos. Ese México que no se tapa con deslindes, pretextos ni discursos.

Ese es el México que nuestros jóvenes ven todos los días cuando salen a la calle, buscan trabajo o cuando calculan que con lo que ganen de salario no podrán comprarse casa, terreno o simplemente vivir sin miedo.

Si usted tiene hijos de entre 17 y 30 años escuchará cuando charle con ellos las palabras narcogobierno, narcoestado, inseguridad, desempleo, desesperanza, corrupción. No las sopló ningún partido, se las enseñó el país, y duele aceptarlo, pero los adultos fuimos incapaces de entregarles un entorno mejor del que recibimos de nuestros padres. Fracasamos. Punto.

Muchos de ellos ni siquiera han entrado de lleno a la vida laboral y ya saben que, aun ganando bien, no les alcanzará para vivir dignamente. El futuro mejor que les vendimos resultó ser de mentiras. Trabajar, esforzarse, estudiar, nada garantiza que podrán comprarse una casa o departamento. No es drama generacional, son matemáticas, economía, realidad.

Saben, igual que nosotros, que la inseguridad se pondrá peor, que mientras más se niegue, más crece. Saben, como nosotros, que hay autoridades coludidas, gobiernos que pactan con criminales y que la impunidad es la madre de todo esto. No son ingenuos, ven, oyen y entienden. Sin embargo, el gobierno insiste en tratarlos como menores manipulados.

La verdad duele, México les falló, les fallaron los partidos, los servidores públicos, los gobiernos federal, estatales y municipales, también nosotros por permitir esos abusos, mentiras y por no exigir frenar el ambiente nocivo cuando la pesadilla apenas iniciaba. Ahora ellos marchan por lo que nosotros no defendimos y todavía hay quien quiere regañarlos, deslegitimarlos.

Las autoridades no tendrían por qué enojarse con la Generación Z, ni responsabilizar a terceros para salvar la cara, lo sensato sería responderles, dejarles expresarse, no retarlos a derribar muros ni vallas porque lo lograrán, darles motivos para creer que este país no es una condena hereditaria.

En vez de desacreditar sus acciones, voces y reclamos, tendríamos que darles esperanza, certezas de conquistar sus sueños, sin que esos sueños dependan de sueldos miserables o de que una bala perdida les arrebate la vida. La marcha no fue el problema, el problema es que no escuchamos a nuestros jóvenes ni les damos respuestas a sus preocupaciones, tampoco esperanza y oportunidades. @analisistv

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