Por Jesús Ramos
Uno pensaría que con el poder, presupuesto y la bendición del partido bastaría a los alcaldes de Morena para no estrellarse, pero no, los ediles encontraron la manera más rápida de dinamitar el ánimo social, irritar a sus gobernados y ser propiciadores de una reconfiguración electoral.
Los alcaldes morenistas confundieron la confianza popular con un cheque en blanco. La inseguridad les explotó en la cara. Ahí están los datos oficiales. Homicidios, asaltos, delitos de toda índole crecientes todos en colonias, juntas auxiliares y cabeceras municipales con balaceras, ejecuciones y secuestros incluidos.
Es realidad entendida el control que ejercen los criminales en la mayoría de los municipios importantes de Puebla gobernados por Morena. Son ellos los que mandan, cobran, extorsionan y asesinan, mientras los alcaldes son ninguneados.
La corrupción, por su parte, dejó de ser rumor para convertirse en paisaje de Tehuacán, Zacatlán, San pedro Cholula, Huejotzingo y Cuautlancingo, entre otros corruptos que despachan en ayuntamientos.
Obras infladas, contratos mañosamente dirigidos, nóminas rebosantes de nepotismo, alcaldes que ya hicieron de la tesorería su cajero personal. Todo esto a la vista del ciudadano que no se traga el cuento del “vamos bien y por buen rumbo”.
¿Resultados de los alcaldes en su primer año de mandato? Ninguno. Todo está peor que cuando llegaron al poder. Calles rotas, luminarias fundidas y listas de pendientes interminables. Lo suyo hasta ahora ha sido soberbia con la fe puesta en que la marca Morena es inmune al encabronamiento social.
Esa es justamente la factura que puede ser cobrada en el 2027. El enojo ciudadano es el más eficaz reorganizador del poder. De ese humor social se alimentan las alternancias, reacomodos y derrumbes.
Si algo están gestando los presidentes municipales del partido guinda no es continuidad, sino un efecto dominó que puede alterar la configuración del Congreso local, Cámara Federal de Diputados, cabeceras distritales y ayuntamientos poblanos de mayor calado.
El 2027 puede convertirse en el cobro masivo de todas esas notas de remisión con conceptos de corruptos e inseguridad. Morena podría perder espacios no por lo inmerecido de la oposición, estorbándose así misma, sino por la torpeza de sus propios gobernantes municipales.
Sin proponérselo, aunque sí bien coordinados en defraudar a Morena, los ediles de este partido están reconfigurando el mapa político del estado. A veces para que cambien las cosas, sólo hace falta que los ediles hagan lo que mejor saben hacer, tonteras y corrupción. @analisistv











