Por Jesús Ramos
La política, el deporte y la fama suelen ser cruel con los apellidos. Los convierte en herencias sobrevaluadas, cargas con exceso de peso imposibles de levantar, ejemplos sobran en México y el mundo, lo odioso de las comparaciones incluso trauman.
Rafael Moreno Valle Rosas entendió algo que pocos políticos de su generación comprendieron, que los partidos son vehículos no destino. Hagan memoria, inició en el PRI, pero terminó fundiéndose con el PAN. El pragmatismo fue su religión y el poder su doctrina.
Si se pregunta a cualquier poblano de qué partido era Moreno Valle, la respuesta la darán en automático, del PAN. Nadie se esforzará por recordar sus años priistas, nadie le asociará con el tricolor, la memoria colectiva lo fotografió vestido de azul.
Así funcionan las marcas partidistas. A Rafa se le recuerda alto, delgado, de tez blanca, disciplinado, perfeccionista y obsesionado con el control. Se le recuerda construyendo maquinaria electoral. Se le recuerda junto a Martha Erika Alonso. Difícil entender que uno sin otro hubieran funcionado.
Del general Rafael Moreno Valle, su abuelo, apenas unas cuantas historias, y negras, del Rafa reciente, del gobernador panista, los poblanos tienen otra opinión. A eso se le llama posicionamiento político. Identidad de marca. Cuando Messi se retire y pasen los años le identificarán con Barcelona y Argentina, olvidarán su paso por el PSG y el Inter de Miami.
Hay que decirlo, tengo serias dudas de que el nombre de Rafael Moreno Valle Buitrón produzca el mismo efecto ganador dentro de Morena y fuera del PAN. El apellido pesa, es cierto, pesa en Puebla, pesa en la memoria colectiva. Pesa en color azul.
Pesa entre quienes todavía asocian ese nombre con una época de obras monumentales y faraónicas, centralización del poder y campañas electorales demoledoras. Pero una cosa es que el apellido pese y otra muy distinta que funcione en cualquier partido.
Si mañana Rafael Moreno Valle Buitrón apareciera como candidato del PAN, partiría con una ventaja que pocos aspirantes podrían presumir. Asociarían una cosa con la otra. Sin embargo, Morena no pinta azul ni este Rafa es alto, blanco, tampoco tendría a su lado a Martha. La 4T no ha construido su narrativa política.
Ahí radica la duda. El apellido Moreno Valle es una marca profundamente identificada con una etapa política opositora a Morena, encaja de maravilla en el imaginario panista, en el conservadurismo, en la derecha, no en el discurso de la cuarta transformación.
Cualquier entidad pública o privada que pague por medir el apellido Moreno Valle obtendrá números altos en menciones, pero que le identifiquen con la 4T podría no ser lo esperado.
Rafael Moreno Valle Buitrón parece tipo limpio y bonachón, sin embargo, su apellido tiene un peso enorme en la política. ¿Favorable o adverso en Morena? Lo verá y lo veremos. @analisistv











